Jul 15, 2016

Qué hacer cuando has perdido la fe

"No sé si volveré a creer, he perdido toda la fe..."

Escucho palabras como estas todos y cada uno de los días de la gente de todos y cada uno de los rincones del planeta, de cada hebra de la tradición cristiana, desde cada segmento de la sociedad concebible.

Son personas religiosas en el momento en que, por cualquier número de razones, se hallan ahora con el terreno de la fe desgastando bajo sus pies, y que entran en pavor.

Este temor es entendible. Tras todo, esto es algo espantoso de aguantar. Una cosa es cuestionar la Iglesia institucional o bien para hacer orificios en los sistemas religiosos que hemos puesto en su sitio o bien aun a la crítica de las Sagradas Escrituras y de qué manera lo interpretamos. Esas son todas y cada una de las pérdidas sustentables. Podemos aguantar semejantes cosas, experimentamos estas crisis, y aún sostienen una confianza firme en la creencia de que Dios está y que Dios es bueno . Aun si en ciertos días, esos son todo cuanto queda de nuestra narrativa fe débil, que puede ser suficiente.

Mas, ¿qué hacer cuando, con toda la lucha libre en candela y las oraciones, el fruncido de cejas, las preguntas frecuentes y los sacrificios mejor intencionados están fuera de su alcance?. ¿Qué sucede cuando la realidad misma de Dios se asemeja demasiado a fin de que pueda demandar la propiedad de su fe?, ¿de qué manera se puede continuar adelante después de un colapso espiritual en toda regla?. No se rinda. Dios es suficientemente grande para manejar sus dudas.

De manera frecuente no es una cuestión de sencillamente ser más decidido o bien más "religioso". La mayor parte de las veces, las personas han llegado a estos instantes de desesperación pese a leer de manera continua la Sagrada Escritura y la oración y el voluntariado y la asistencia a los servicios religiosos y tratando de pensar. No se han abstenido de esas disciplinas. En verdad, de forma frecuente son tan devotos y comprometidos como siempre y en toda circunstancia, solo que en estas actividades ya no se presenta la claridad y la confianza y comodidad donde lo hicieron una vez.

Bastante gente viene a mí en esa sequedad espiritual estéril y prácticamente siempre y en toda circunstancia llevan la culpabilidad de trituración personal. Ellos están padeciendo de forma profunda, sintiéndose inútiles de recobrar lo que han perdido, y enojados con ellos mismos por no ser suficientemente leales a evocar la creencia que acostumbraban a tener como un hecho simple.

Si estás en ese sitio ahora, no voy a pretender que haya ninguna salida simple o bien un camino simple nuevamente hacia la fe. Ni tan siquiera puedo jurar que nunca localizarás el camino de vuelta, cuando menos no en lo que se emplea para llamar a la creencia. Puede ser una experiencia muy, muy diferente en el futuro.

Entonces, ¿qué se puede hacer ahora?

Puede que sea la oración o bien el estudio de la Sagrada Escritura o bien la asistencia a la iglesia. Mas es posible que no, tras todo, Dios no se halla solo en "las cosas espirituales".

Quizás el día de hoy se trata solo de lo que está justo frente a ti, de lo que se puede ver y escuchar, el tacto, el olfato y el gusto. Quizá lo mejor que se puede hacer ahora es sencillamente probar todas y cada una de las cosas que puede saber y percibir con gratitud.

Cuando lo haga, admita estos regalos grandes, medibles, puros y aprécileos, reconozca al "dador". Viva con sencillez y hallará la gracia en la vida ya que es en sí una busca espiritual; se trata de una cosa sagrada.

Usted hallará que esta satisfacción, no lo dude, pero la vía será aún más recta porque no lo habrás perdido todo. Se puede adecentar el camino de Dios que ha sido estorbado por la tristeza, la decepción, la duda y sí, también la religión.